Circe y Circos

Circe y Circo: Prefiero Lilit

Circe y Circo: Prefiero Lilit

Prefiero Lilith

De todas la Evas
prefiero a Lilith.
El rojo fuego
de los pelos encrespados,
la línea suelta
 de las piernas engreídas,
la firmeza en los pezones...
El calor por debajo del ombligo
en esa  boca álgida
que condena.
Las manos suaves
con capricho
de hincar las uñas
sobre el paraíso.
La lengua pulposa
que sabe enderezar sueños,
y el egoísmo
del placer en la carne.

¡Qué Eva duerma
acobachada en sus sueños!

¡Qué Eva duerma
                     con amor...!

Yo prefiero el sexo
opuesto o bien puesto
de Lilith
mordiendo tus pupilas.

Aguja

Descaradamente
sin más rostro
sos la aguja que perfora
mi límite tranquilo...

Tiempo gramatical

El pretérito imperfecto de tu ausencia
se perfecciona
en mi presente continuo

Cristales de Eea

Cuando el hombre chilló
Circe abrió los ojos
y lo entendió cerdo.

Nunca hubo Ulises en esta isla;
sólo un animal habilidoso
capaz de hacerla soñar.

Cerdos y mariposa


Los límites se rompen.
Imaginario y real
el hombre se confunde,
amalgama cuerpo y farsa
lastima y se va.

La espada de Ulises saliendo
del corazón de Circe.

La espada de Dionicio
pendiendo sobre el hombre.

Barro y sangre
en esta orgía de cerdos
despiadados
mascando sus propios huesos.

Gárgaras de estiércol.
Guano seco sobre el cuerpo…

y una mariposa,
ínfima,
enredada en los excesos..

Umbral siciliano.

No me mires con los ojos desganados,
se te nota la ausencia en el acento.
El Tiempo-Tic sabe el proverbio:
  ( "El diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo")
y así vamos aprendiendo
del Tac y del deseo.

No me mires con los ojos tan abiertos.
Si me sigo reflejando
se me van a ver los duelos
y la nada que se amasa
con el orgullo paciente
sentado en la escalera.

Te vi pasar
delante de la caravana.
Sentí la tierra
golpeando tu madera
y no recé,
y no pagué tus dos monedas;
sólo cerré la puerta
y te acomodé allá
donde guardo las cosas
que aturden.

Porcelana china

Hagamos de cuenta
                            juntos...
Hagamos de cuenta
                            un rato...
que la porcelana reparada
no está rajada.

Números en Beirut

Año dos mil seis.
Quince horas.
Cincuenta y seis canales apagados.
A.M quinientos noventa en el dial:
                                             Noticias en un minuto: Veinte días, trescientos efectivos, dieciocho mil espectadores, cinco millones de euros...
Y el locutor al fin dice un número pequeño, el siete. Dice siete seguido de la frase "bombas que estallaron en pleno centro de Beirut". Entonces ese número pequeño se convierte en derrumbe de edificios, incendios, asfixia. En chicos que están gritando y en los que ya no. Mamás sin consuelo. Novios sin flores. Mujeres sin promesas. Abuelos que querían morir primero.
Alaridos.
Gritos.
Litros y más litros de sangre.
Pies descalzos.
Manos sueltas.
Incomprensión.
"Aberrancias"
Siete bombas en Beirut.

Un número pequeño que puedo armar con mis dedos y seguir describiendo durante horas sin incluir las palabras "displicencia", "indiferencia", "suerte" o "Dios"; aunque increíblemente ahora ese siete-apocalipsis tenga la misma voz que el pronóstico extendido del tiempo en Capital.

Presentación

No trates de encontrar mi puerta
porque quizás no exista.
Quereme violeta
simple como soy
y en la tierra.
Besá todos mis nombres
o no nombres ninguno;
pero no me mires hacia atrás,
ya no soy blanca
ni vuelo bajo la luna.