Circe y Circos

de La Boluda del Amor


I
Pedime tuya pero no me ates:
no quiero salir corriendo
sobre todas las lunas
y renunciar.


II
Tu corazón duerme en mis manos
y es una luna:
brilla de amor cuando la miro,
y al otro lado
mis manos se hunden
de tan podrido.



III
Tengo miedo de reír.
Miedo de volar y llegar al cielo,
de llorar hasta inundar el alma.

Tengo miedo,
terror a tus alturas.




IV
Salir al olvido con los pies descalzos
sin contar los cortes
que desgarran esta piel.

Saber que tanto amor no victorioso
no puede ser sinsentido
ni derrota
ni desamor.



V

Alguien canta su ánimo
como un teléfono sonando
en la habitación vacía.
Alguien desconfía de su suerte.
Alguien duda en esta ciudad.
Hay uno
que sigue creyendo.
Alguien nace.
Yo muero.



VI
La Boluda del Amor sigue armando
su propia trampa.
Lo sabe, lo entiende. Y vuelve a caer.
Lo siente, se arriesga y muere.
¡Si pudiera salvarla!
Si sólo pudiera templar su corazón
o hacer sonar ese maldito teléfono
que no sabe de promesas.
Si hubiese podido darle fresias
en el día de la primavera
y evitar su idiota espera.
Si hubiese podido hacer más...

Al otro día, La Boluda
se vistió de excusas, siguió esperando
y consiguió un doctorado en boludez y llantos.
Por eso hora espera con avales
y sigue creyendo, excusada,
y sigue apostando empedernida
y boludamente sigue llorando.
Mientras, yo repto por los zócalos
tratando de evacuar
las lágrimas
que ahogan mi cuerpo.


VII
Un beso para aquietar la sangre
y el abrazo conmovedor
que me vuelve tibia
sobre el frío de tus brazos.



VIII
Derramaré la vida en diez segundos,
desde el plexo hasta las espinas.
Comenzaré por Dios y por la suerte,
después iré por el destino
y el diablo.

Después iré por la garganta.

Derramaré la vida en lo que no perdono,
como monje despojado, hasta quedarme sin orgullo.
Me quitaré de vos todo lo que era
y en esta agua tan bebida
seré nuevas olas.